Un tazón a medio entibiar, el ruido de la puerta golpeada por el viento otoñal, el cielo dejando caer cada vez mas expedita su tristeza. Mis pensamientos en compañía, rondando la habitación, funestos y tenues. Mi corazón está latente y cálido con un sufrimiento indeciso, pues su sentir culpable no se lo permite.
La habitación acrecienta , me torno pequeña y vuelvo a pensar ¿por qué la vida carece de segundas oportunidades para mí? la penumbra charla con mi pecho, sin dar respuesta alguna, así el abandono condiciona mis manos cansadas.
He de darme cuenta que mis primaveras me subordinan, me embisten en lo de antaño, me hacen enfermar de lo común, de ''adolecer''.
